El escenario suele ser más común de lo que parece.
Primer paso: tu empresa sufre un incidente de seguridad. Un atacante consigue acceder a información sensible, compromete una cuenta corporativa o cifra parte de tus sistemas.
Segundo paso: activas el protocolo de respuesta y notificas el incidente a tu aseguradora, confiando en que la póliza cubrirá los daños y costes asociados.
Tercer paso: comienza la investigación. Un perito analiza cómo se produjo el acceso y revisan las medidas de seguridad implantadas en la organización.
Si se detecta que el acceso se produjo a través de una aplicación, un servicio en la nube o una cuenta corporativa sin autenticación multifactor (MFA), la aseguradora puede considerar que no se cumplían los requisitos mínimos de seguridad establecidos en la póliza.
El resultado es el peor escenario posible: no solo tienes que gestionar las consecuencias del ciberataque, sino que además podrías encontrarte sin la cobertura que esperabas recibir.
El aumento de los ataques de ransomware, phishing y robo de credenciales ha llevado a las compañías aseguradoras a endurecer sus requisitos de seguridad.
El problema es que no basta con activar MFA únicamente en el correo electrónico o en algunas aplicaciones.
Las aseguradoras esperan que esta protección esté presente en todos los sistemas críticos y en todas las aplicaciones que gestionen información sensible o permitan acceder a recursos corporativos.
Una sola cuenta desprotegida puede convertirse en la puerta de entrada para un atacante y, al mismo tiempo, en el argumento que utilice la aseguradora para rechazar una reclamación.
La autenticación multifactor añade una capa adicional de seguridad al proceso de acceso.
Aunque un ciberdelincuente consiga obtener una contraseña mediante phishing, malware o una filtración de datos, seguirá necesitando un segundo factor de verificación para acceder a la cuenta.
Este simple mecanismo reduce drásticamente el riesgo de accesos no autorizados y se ha convertido en uno de los controles de seguridad más recomendados por fabricantes, organismos de ciberseguridad y aseguradoras.
Además, la correcta gestión de accesos no se limita únicamente a implantar MFA.
También es importante poder demostrar que existen controles de seguridad efectivos, disponer de registros de actividad y garantizar que los accesos de antiguos empleados o colaboradores se revocan de forma inmediata.
Cuando ocurre un incidente, ya es demasiado tarde para corregir las deficiencias de seguridad.
Por eso es fundamental realizar revisiones periódicas de las aplicaciones utilizadas en la empresa, identificar posibles puntos débiles y asegurar que todas las cuentas corporativas cumplen los requisitos de protección exigidos actualmente.
En Siscom contamos con un área especializada en ciberseguridad, y ayudamos a empresas a implantar medidas de seguridad eficaces que reducen el riesgo de sufrir un incidente y mejoran su posición frente a los requisitos de aseguradoras, auditorías y normativas de cumplimiento.
Existen herramientas especializadas que facilitan esta tarea. Una de ellas es Uniqkey, una plataforma que permite reforzar la seguridad de los accesos corporativos mediante funcionalidades como:
* MFA incluso en aplicaciones SaaS que no disponen de soporte nativo.
* Registros de actividad y auditoría fácilmente exportables.
* Revocación rápida de accesos para empleados que abandonan la organización.
* Gestión centralizada de credenciales y accesos corporativos.
La cobertura de un ciberseguro no depende únicamente de haber pagado la prima. Tras un ataque, es habitual que la aseguradora evalúe las medidas de seguridad implantadas para determinar si la organización cumplía los requisitos establecidos en la póliza.
Además del MFA, estos son algunos de los puntos que suelen revisarse con mayor frecuencia:
Muchas brechas de seguridad se producen a través de vulnerabilidades conocidas para las que ya existían actualizaciones disponibles.
Por ello, las aseguradoras suelen esperar que la empresa mantenga sus sistemas actualizados y disponga de procesos para aplicar parches de seguridad de forma periódica. No se trata solo de tener las actualizaciones disponibles, sino de demostrar que se aplican correctamente.
Disponer de un sistema de backup es fundamental, pero tan importante como tenerlo es asegurarse de que funciona.
Durante una investigación pueden solicitarse evidencias de que las copias de seguridad son recuperables y permiten restaurar la actividad de la empresa en caso de incidente. Un backup que nunca se ha probado puede convertirse en un problema cuando más se necesita.
Las soluciones EDR y otras herramientas de detección avanzada son cada vez más habituales en los entornos corporativos.
Sin embargo, las aseguradoras no solo valoran que estén instaladas, sino que exista una supervisión efectiva de las alertas y eventos de seguridad. Una herramienta sin seguimiento puede dejar pasar amenazas que podrían haberse detectado a tiempo.
Otro aspecto relevante es el control de los permisos de acceso.
La capacidad para revocar rápidamente accesos de antiguos empleados, limitar privilegios innecesarios y mantener un inventario actualizado de usuarios puede ser clave para reducir riesgos y demostrar buenas prácticas de seguridad.
El MFA sigue siendo una de las medidas más efectivas y más exigidas por las aseguradoras, pero forma parte de una estrategia más amplia. Mantener los sistemas actualizados, verificar los backups, monitorizar los equipos y controlar adecuadamente los accesos son factores que pueden marcar la diferencia entre superar un incidente con éxito o enfrentarse a sus consecuencias sin cobertura.